Por: Carolina Lechado Fariña (Ingeniera Técnica de Obras Públicas)
Cuando analizamos la gestión del territorio desde la ingeniería civil y pública, tendemos a focalizar nuestra atención en las infraestructuras tangibles: redes de transporte, sistemas de abastecimiento o estructuras hidráulicas. Sin embargo, la infraestructura más crítica, compleja y vulnerable que sostiene toda actividad humana es aquella que pisamos cada día: la matriz edáfica y su capacidad protectora.
La desertificación —entendida bajo los parámetros científicos de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD)— no es un proceso de expansión climática natural de las zonas áridas; es una degradación estructural e irreversible del suelo provocada por una presión antrópica insostenible, severamente amplificada por las dinámicas del cambio climático actual.
Como ingenieros y gestores del entorno físico, nos enfrentamos al reto técnico más complejo del siglo XXI: revertir la pérdida de resiliencia del suelo para garantizar la viabilidad del modelo socioeconómico, en perfecta alineación con los objetivos de la Agenda 2030.
Indicadores Técnicos de la Degradación Global: La Pérdida de la Matriz Edáfica
Para comprender la magnitud real del problema desde una perspectiva puramente métrica, debemos evaluar tres indicadores críticos de la realidad actual:
- Pérdida de Suelo Fértil por Unidad de Tiempo: De acuerdo con los modelos predictivos de erosión hídrica y eólica, la velocidad de degradación global se sitúa en torno a las 23 hectáreas por minuto (el equivalente superficial a 32 campos de fútbol). Esta tasa supera de manera exponencial los tiempos geológicos necesarios para la edafogénesis (la formación natural del suelo, que requiere entre 100 y 500 años para generar un solo centímetro de capa fértil).
- Vulnerabilidad Superficial y Proyecciones al 2050: El inventario actual de la degradación de tierras de la FAO estima que más del 75% de la superficie terrestre continental sufre algún grado de degradación. Bajo el escenario actual de Business-As-Usual, los modelos hidrológicos y climáticos proyectan que este indicador alcanzará el 90% para el año 2050, comprometiendo drásticamente la capacidad de carga del planeta.
- Vectores de Desplazamiento y Vectores de Conflicto: Las proyecciones de estrés hídrico y colapso de suelo estiman que para 2030, aproximadamente 135 millones de personas se encontrarán en situación de desplazamiento forzado por razones estrictamente edafoclimáticas. El suelo degradado altera el balance hidrológico superficial, forzando crisis humanitarias complejas y alterando las cadenas de suministro globales.
El Suelo como Infraestructura Viva: Dinámicas Hidrológicas y Almacenamiento de Carbono
Desde el punto de vista del diseño y la planificación territorial, el suelo debe ser tratado como un reactor biogequímico continuo y un regulador hidrológico. Un suelo saludable actúa como una esponja técnica: optimiza la infiltración, recarga los acuíferos subterráneos, evita las escorrentías superficiales destructivas que provocan inundaciones y modula el ciclo térmico local.
Cuando el suelo sufre compactación, pérdida de materia orgánica o sobreexplotación química, se altera su estructura porosa. La consecuencia directa es la pérdida de la Neutralidad de la Degradación de las Tierras (NDT). El balance hídrico se quiebra: el agua de lluvia ya no se infiltra, incrementando el coeficiente de escorrentía global y arrastrando los pocos nutrientes restantes hacia las cuencas receptoras, lo que acelera los procesos de eutrofización y colapso de ecosistemas fluviales.
Asimismo, no podemos ignorar su papel en la descarbonización. El suelo es el segundo mayor sumidero de carbono del planeta después de los océanos. Un suelo degradado pierde la capacidad de retener carbono orgánico, liberando $CO_2$ a la atmósfera y convirtiéndose en un emisor neto que retroalimenta de forma positiva el calentamiento global.
La Interconexión con la Agenda 2030: El Enfoque Sistémico del ODS 15
La consecución del ODS 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres) y la meta de la NDT no son compartimentos estancos dentro de la Agenda 2030. Existe una dependencia crítica e interdisciplinar:
- Seguridad Alimentaria e Hídrica (ODS 2 y ODS 6): Sin horizontes edáficos estables y funcionales, la productividad agrícola decae, rompiendo la seguridad alimentaria mundial y forzando la sobreexplotación de acuíferos ya colapsados.
- Acción por el Clima (ODS 13): La resiliencia de las infraestructuras urbanas y rurales ante fenómenos meteorológicos extremos depende directamente de la capacidad de amortiguación del suelo colindante.
Ingeniería Regenerativa: Soluciones Técnicas y Decisiones Estratégicas
La solución no radica únicamente en la contención legislativa, sino en la aplicación de una ingeniería regenerativa y de soluciones basadas en la naturaleza (SbN). Como profesionales de la consultoría, la administración y la construcción, debemos integrar criterios de sostenibilidad edáfica en cada proyecto:
- Diseño de Criterios de Conservación Hidrológico-Forestal: Implementar técnicas de restauración de cuencas mediante diques de retención de sedimentos, terrazas de infiltración y reforestaciones técnicas con especies autóctonas capaces de fijar el horizonte estructural del suelo.
- Fomento de la Agricultura Regenerativa y Técnicas de Conservación: Apoyar desde la planificación pública las transiciones hacia cubiertas vegetales permanentes, rotación de cultivos y labranza mínima para recuperar los microbiomas edáficos.
- Evaluación de Impacto en Cadenas de Suministro: Las corporaciones deben analizar la huella de degradación de suelo en sus matrices ESG, garantizando políticas rigurosas de «deforestación cero» y balance neto positivo en el uso del suelo.
- Optimización de Recursos Hídricos en Infraestructuras: Promover sistemas de drenaje sostenible (SUDs) en entornos periurbanos y carreteras para recargar el sistema hidrogeológico natural en lugar de evacuar el agua de manera acelerada y erosiva.
Conclusión
El suelo no es un recurso inerte ni una plataforma bidimensional de soporte; es el activo bio-físico más valioso de nuestra civilización. Las decisiones de diseño que tomemos hoy en la ordenación del territorio dictarán la resiliencia del mañana. Las organizaciones y administraciones que entiendan que la protección del suelo es una inversión de seguridad estratégica liderarán un futuro habitable. El margen técnico para actuar se estrecha; la ingeniería debe liderar el cambio de rumbo.
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